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Fontanars, Font de la Figuera y Moixent dan a conocer los valores agrícolas y vinícolas de su comarca

La Toscana valenciana

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Vistas y paisanaje del triángulo formado por las poblaciones de La Font de la Figuera, Moixent y Fontanares, conocida como la Toscana valenciana

25/09/2011

Por F. P. P./ V. Lladró.

En la sala de degustación de su bodega de Moixent, don Paco Calatayud tiene sobre una gran mesa la fotografía aérea de los dos valles, separados por la Serra Grossa, esa espina dorsal sobre la que los iberos se asentaron en la Bastida de les Alcusses. Como un general Patton de los viñedos, el patriarca del Celler del Roure señala el lugar, el punto exacto donde las estribaciones montañosas separan el valle de Moixent del valle dels Alforins.

Trigos y aceites, frutas y vino. Los cuatro primitivos elementos de la agricultura mediterránea se dan la mano en estos parajes, antiguos como pocos, sabios como ninguno. Con el bastón en la mano, el mejor guía de esa tierra valenciana que sube hacia La Mancha, señala sobre el mapa el espolón montañoso y afirma que todos los nublados y tormentas, todos los pedriscos que desde hace centurias han amenazado ambos valles se han estrellado y extinguido para dejar al pueblo, sin duda escogido por el Creador, en la paz de sus espigas y racimos.

Vivir de la tierra, con la que está cayendo, es aprender a sobrevivir. Hay que tener mucho apego al paisaje, muchas lecturas e ingenio, para imaginar que una copa de vino, unos buenos ciruelos, las almendras crujientes o ese aceite que resbala por el pan, configuran un ámbito entrañable. Y que es preciso convertirlo en atmósfera cultural a través de la relación cordial del ser humano con cuanto le rodea.

La presentación de la asociación 'Viticultors i Productors de les Terres dels Alforins', en la que una docena de cosecheros de Fontanars, Font de la Figuera y Moixent se unen para subrayar y dar a conocer los valores agrícolas y vinícolas de su comarca fue como un acto de fe, una señal inspiradora de confianza que lleva a pensar que ni la economía está arrasada ni la agricultura ha muerto.

Porque una gran parte de las nuevas generaciones de empresarios está viva y sabe trabajar. Gracias, seguramente, a que escuchan a mayores con bastón que cuentan leyendas hermosas.

Viticultura valenciana de élite

Llegaron a pensar en en constituir una denominación de origen aparte, pero esto fue hace años. Debatieron si les convendría segregarse de alguna forma de una denominación tan amplia como la de Valencia, que abarca a toda la viticultura de la provincia que no está en Utiel-Requena. Y no les faltaban razones, porque en realidad poco tienen que ver los vinos del Alto Turia, por ejemplo, con los del Valle dels Alforins, de una punta a otra del territorio provincial. Y mucho menos tienen que ver las bodegas de Fontanars-Moixent-La Font de la Figuera, ligadas directamente a las vides de sus propias tierras y al viticultor meticuloso, con grandes firmas dedicadas más a grandes volúmenes que, sin menosprecio de la calidad general, dependen de compras a terceros de materia prima y de productos más estándar.

Sólo les une a todos un común denominador: el paraguas de la marca Valencia, un nombre bien conocido en todo el mundo y que abre puertas. Así que, al final, doce bodegas de este triángulo privilegiado entre las sierras de Enguera, de la Umbría, puerto de Almansa y la Serra Grossa en el medio, optaron por lo más inteligente: Nada de aventuras en solitario, y mucho menos perder de vista la protección conveniente de Valencia. Pero, sin salirse de la DO valenciana, se constituyen ahora en la asociación vinícola de Terres dels Alforins, con el objetivo de unir fuerzas y emprender iniciativas empresariales y de puesta en valor de sus productos, el paisaje y valores colectivos.

Pablo Calatayud, del Celler del Roure, destaca el compromiso de todos ellos «por un territorio bello y singular, donde las especiales características de suelo y clima permiten hacer grandes vinos», así como la coincidente filosofía de entroncar la vid, en sus dos facetas de cultivo y de producción enológica, con los demás elementos agronómicos y naturales de un entorno singular. En conjunto abarcan 4.000 hectáreas de vid, de las que la cooperativa La Viña de La Font cuenta con 2.700 entre 400 socios. Su presidente, Rosendo Biosca, dijo que no es casualidad que en las evaluaciones técnicas de los vinos de la zona se consigan valoraciones por encima de 90 puntos, «porque lo nuestro es trabajar una viticultura verdaderamente de élite».

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