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Las bodegas luchan por recuperar la etiqueta de 'Indicación Geográfica', que puede suponer el primer paso hacia la 'Denominación de Origen'

El vino de Castellón, hacia la excelencia

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14/03/2011

Una batalla contra la burocracia, los complejos de inferioridad y las costumbres adquiridas. Ese es el escenario al que se enfrentan los empresarios vitivinícolas de la provincia en su intento por dar prestigio al vino castellonense, que resulta ser un desconocido en su propia casa. En el horizonte, todavía lejano, está conseguir la etiqueta de 'Denominación de Origen' para los caldos de nuestro territorio y elevar de ese modo su 'caché'.

De momento, el primer paso es conseguir la 'Indicación Geográfica', una distinción que los vinos provinciales, reunidos bajo la Asociación Vins de la Terra de Castelló -que engloba a 12 bodegas-, ya habían conseguido, pero que les fue arrebatada en el año 2006. Una reestructuración del mercado vinícola auspiciada por la Unión Europea cambió los criterios por los que se regía el sector hasta esos momentos, lo que relegó a los caldos castellonenses a la categoría de 'Vino de la Tierra', inferior a la que tenían anteriormente.

Antes de afrontar nuevos retos, el objetivo inmediato es recuperar dicha etiqueta, algo en lo que los empresarios vitivinícolas llevan trabajando desde hace tiempo, tal y como explica Ismael Sanjuan, presidente de Vins de la Terra de Castelló. «Hemos preparado dossiers de 2.000 y 3.000 páginas que hemos remitido a la Conselleria de Agricultura que demuestran que debemos recuperar el estatus que teníamos antes», asegura. Los empresarios del vino remitieron la documentación el pasado año 2009 y todavía están esperando la acción de Conselleria, que debe enviar los estudios a los órganos europeos competentes en la materia.

Sin embargo, desde este colectivo de productores de vino no tienen reproches hacia los responsables de Agricultura. Fue gracias a su apoyo y a su asesoramiento que esta asociación pudo constituirse en 2003 con la etiqueta de 'Indicación Geográfica', por lo que tienen confianza en que los responsables del ente les vuelvan a prestar su ayuda ante esta nueva dificultad.

Y es que el camino recorrido por este grupo de vinicultores no ha sido fácil, ya que heredaron un sector en franca decadencia. A inicios del siglos XX la filoxera, un parásito, arrasó los viñedos de toda España y el Gobierno, para ponerle freno, decidió en la década de los 70 prohibir todas las vides que se cultivaban hasta ese momento en Castellón, que debían ser sustituidas por la especie 'vitis vinífera'. Esto dio como resultado que a principios de los 80 los vinicultores castellonenses arrancaran miles de hectáreas y optaran por el cultivo de cítricos de forma casi mayoritaria.

«De este modo, la provincia pasó de tener 8.000 hectáreas dedicadas al cultivo del vino a las 300 ó 400 que hay en la actualidad», explica Vicente Bellés, responsable de la bodega El Cerellet, de Les Useres.

Nuevos bríos
Sin embargo, este grupo de 'valientes' -procedente de los territorios del Alto Palancia-Alto Mijares, Sant Mateu y Les Useres-Vilafamés- insufló nuevas energías al sector a mediados de los noventa, implantando tecnologías de última generación en el proceso de manufacturación del líquido con la intención de mejorar el producto y darle la relevancia que merece en el mercado.

Con ese ánimo se constituyeron en la asociación Vins de la Terra de Castelló, que comenzó a comercializar en el año 2005, a pesar de haberse constituido dos años antes. En aquel ejercicio, la producción anual fue de 25.000 botellas, una cifra modesta. Pero desde aquel entonces la actividad del colectivo no ha hecho más que crecer y durante el año pasado su producción se situó en torno a los tres millones de litros, según explica Sanjuan.

Sin embargo, y a pesar de los evidentes progresos efectuados por estos empresarios, el vino de Castellón no tiene la consideración que ellos creen que merece, y aquí se abre el otro frente de batalla que tienen que afrontar: el prejuicio social, derivado de la falta de producción en la provincia tras la destrucción de vides en los 80.

«La gente ha estado sin beber vinos de nuestra tierra durante mucho tiempo, por lo que se acostumbraron a consumir caldos procedentes de otros sitios, como el Rioja. Por eso, ahora es muy difícil introducir nuestro producto, incluso en nuestra propia provincia, ya que aún no tenemos ganada la confianza del castellonense», asegura Ismael Sanjuan.

A este respecto, Vicente Bellés explica que «parece que los castellonenses rechazan los vinos provinciales porque vienen 'de aquí al lado' y creen que un Rioja 'viste' más una comida o una cena. En este caso, la cercanía juega en nuestra contra, cuando debería ser al revés».

Por ello, el objetivo de este grupo de empresarios es «captar al público joven», más libre de ideas preconcebidas que la generación de sus padres y sus abuelos «y que no tienen el vicio del Rioja». En este sentido, «y haciendo una labor de hormiguita, ya que contamos con un presupuesto limitado», explica Bellés, los empresarios de Castellón están optando por el maridaje con la comida como fórmula para introducir más fácilmente sus productos en el mercado. «Intentamos aliarnos con otros productos alimenticios de calidad, como el queso de Catí, la alcachofa de Benicarló o el langostino de Vinaròs, para que su recorrido comercial sea paralelo al nuestro», dice Bellés.

Mercado exterior
Por el momento, tristemente, la mirada de los productores a la hora de vender se sitúa más allá de las fronteras de nuestra provincia, donde parece que valoran mejor nuestros caldos. Valencia y Barcelona son mercados donde el vino de Castellón se dispensa con regularidad y la intención de las bodegas agrupadas bajo la denominación Vins de la Terra de Castelló es expandirse todavía más.

Y es que si algo caracteriza a estos viticultores es el optimismo y la ambición, a pesar de la crisis que vive el sector en toda España. Tal y como explica Bellés, en la actualidad el consumo de vino en nuestro país es inferior incluso al de otros estados no productores, como Bélgica o Reino Unido. «Definitivamente, no es un buen momento para el vino», asegura.

Con todo, la intención de estas 12 bodegas es situar a los caldos castellonenses entre los más apreciados a nivel nacional, y para eso es imprescindible conseguir la 'Denominación de Origen'. A nivel estructural el 'ascenso' de categoría no supone ningún problema. «Las bodegas están preparadas para asumir el cambio. El único requisito que se pide es que el 100% de la uva que se utilice para elaborar el vino sea de la provincia, mientras que la 'Indicación Geográfica' pide el 85%, pero es algo que no nos supone ningún problema», declara Sanjuan. «A nivel de tecnología estamos al mismo nivel que los viñedos de La Rioja», añade Bellés.

El vino de Castellón «tiene un buen equilibrio de acidez y alcohol, un color rojo muy interesante y un índice de azúcar elevado», unas cualidades que los productores creen suficientes como para que los caldos provinciales sean más apreciados de lo que lo son actualmente. De momento, el primer reto es ganarse al público de 'casa', que por ahora les da la espalda, pero que en el futuro puede ser su mejor aliado para alcanzar la excelencia.

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