Un estudio revela que el caldo que se fabricaba en Benicarló era consumido en las galeras y en los viajes de la época
Un brindis por el nuevo mundo
En el puerto todavía quedan edificios que servían para mercadear con vino. Foto: Jordi Maura.
06/08/2010
Jordi Maura | Benicarló
En la edad media el vino de Benicarló donde iba
triunfaba. En buena parte de Europa era conocido por su cuerpo y
graduación y por su fuerza y resistencia al balanceo dentro de los
barriles en los viajes por el mar.
En Francia el vino benicarlando era importado para
mezclarlo con sus Bordeaux. Tras el coupage de este vino del Maestrat
con sus Bordeaux resultaba un vino excelente, aumentado en alcohol, que
era llevado a Inglaterra y para el consumo de la alta aristocracia del
mundo entero. Hay felicitaciones enviadas por el zar de Rusia por el
excelente vino y el comercio marítimo del vino todavía está presente en
forma de edificaciones, lonjas y almacenes en el grau benicarlando.
En la calle Crist de la Mar de Benicarló fueron
proliferando durante años consulados con representantes de decenas de
paises europeos que comerciaban con este vino y compartían espacio con
las bodegas, comerciantes y los terratenientes. Benicarló tuvo una de
las más florecientes economías de Europa hasta el siglo XIX. En 1890
fueron exportados 17 millones de litros producidos por toda la comarca.
Según los libros de peajes, desde el puerto de Benicarló
salía semanalmente en 1488, con destino al puerto de Valencia, un barco
cargado con barriles de vino y otros productos naturales de la zona
como lana y frutos secos del interior del Maestrat y Teruel,
principalmente. Felipe II, descendiente del rey Fernando y Carlos I
también adquiría en 1595 el vino benicarlando -en lotes de 20.000
cántaros- para las galeras de su Majestad, como recogió el historiador
Adolf Sanmartín en el libro 'Benicarló en el siglo XIX. Epitafio a una
prosperidad'. De este comercio queda constancia en algunas sentencias
judiciales por problemas en el pago de 20 dineros.
Es así fácil pensar que, durante la vigencia de la
expansión del Imperio español y la extensión colonial a través del
Atlántico y Océano Pacífico, se bebieran vinos tintos de Benicarló en
batallas como las de Flandes o la de Lepanto o a bordo de la Armada
Invencible. También en naves de esclavos, en naves inglesas y
holandesas arribando a todos los confines de la tierra, desde el norte
de Europa hasta la lejana Australia. En Argentina son muchos los tangos
que hablan popularmente del vino carlón, como un vino antiguo y popular
que beber con algún puchero de gallina o, como recientemente recoge el
cantautor argentino Luis Barrios: "Saldremos del puerto de Palos con
tres carabelas, al agua pato, Pinzón, y apure ese vino carlón...".
La teoría Ganzenmüller
El polifacético José María Ganzenmüller, director de
teatro, de cine, investigador y periodista cree que la presencia del
cortesano Lluis de Santángel es crucial para poder hacer esta
afirmación. Santángel era el recaudador de impuestos de Peñíscola,
Benicarló y Vinaròs y prestó dinero al Rey Fernando para la aventura
americana, que Cristóbal Colón pretendía realizar sin encontrar
financiación. «Fue determinante para la consecución de la expedición,
ya que convenció a la reina Isabel de aceptar las pretenciosas
condiciones impuestas por el futuro almirante en las Capitulaciones de
la Santa fe, firmadas por Santángel como secretario del rey, que aportó
1.140.000 maravedís de su fortuna personal y sin intereses a la
empresa.
«No es descabellado pensar que, si el vino de aquí era
el que se suministraba a las galeras en época de Felipe II, ya en época
de su abuelo, y siendo gran conocedor del mismo uno de sus hombres de
confianza y máximo valedor de la empresa, se pudiera también adquirir
aquí para la expedición, porque nuestro vino ya era famoso desde el
siglo XIII, hasta el punto que, en América, por lo general, a todo el
vino que venía de España se le denominaba Carlón».
La práctica
totalidad de las atarazanas y almacenes de la fachada litoral de
Benicarló junto al puerto, donde se ubicaban las zonas comerciales
desaparecerán en los próximos meses, según las pretensiones municipales
mientras las conocidas como 'drassanes', que debían acoger un museo
siguen totalmente cerradas y en proceso de degradación.
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